Para comprender a fondo el mensaje de Jesús no basta conocer lo que él dijo y lo que él
hizo. Además de eso, es necesario saber quién fue Jesús de Nazaret. Es decir, se trata
de comprender no sólo sus palabras y sus obras, sino especialmente su personalidad. Es
verdad que el misterio profundo que se encierra en la persona de Jesús será objeto de
estudio en el capítulo 6. Pero también es cierto que ese misterio no será debidamente
entendido sino a partir de lo que vamos a estudiar en el presente capítulo.
Hombre libre
Jesús y la ley
Jesús y la ley
Pues bien, estando así las cosas, el comportamiento de Jesús con relación a la ley se
puede resumir en los siguientes cuatro puntos:
1) Jesús quebrantó la ley religiosa de su pueblo repetidas veces: al tocar a los leprosos (Mc 1,41 par), al curar intencionadamente en sábado (Mc 3,1-5 par; Lc 13,10-17; 14,1-6), al tocar los cadáveres (Mc 5,41 par; Lc 7,14).
2) Jesús permitió que su comunidad de discípulos quebrantase la ley religiosa y defendió a sus discípulos cuando se comportaron de esa manera: al comer con pecadores y descreídos (Mc 2,15 par), al no practicar el ayuno en los días fijados en la ley (Mc 2,18 par), al hacer lo que estaba expresamente prohibido en sábado (Mc 2,23 par), al no observar las leyes sobre la pureza ritual (Mc 7,11-23 par).
3) Jesús anuló la ley religiosa, es decir, la dejó sin efecto y, lo que es más importante, hizo que la violación de la ley produjera el efecto contrario, por ejemplo al tocar a los leprosos, enfermos y cadáveres. Es llamativo, en este sentido, la utilización del verbo "tocar" (áptomai) en los evangelios (Mc 1,41 par; Mt 8,15; 14,36; Mc 3,10; 6,56; Lc 6,19; Mt 20,34; Mc 8,22; 7,33; 5,27.28.30.31 par; Lc 8,47). Las curaciones que hace Jesús se producen "tocando". Ahora bien, en todos estos casos, en lugar de producirse la impureza que preveía la ley (cf. Lev 13-15; 2Re 7,3; Núm. 19,11-14; 2Re 23,11s), lo que sucede es que el contacto con Jesús produce salud, vida y salvación.
4) Jesús corrigió la ley e incluso se pronunció expresamente en contra de ella en más de una ocasión: al declarar puros todos los alimentos (Mc 7,19) y cuando anuló de manera terminante la legislación de Moisés sobre el privilegio que tenía el varón para separarse de la mujer (Mc 10,9 par).
1) Jesús quebrantó la ley religiosa de su pueblo repetidas veces: al tocar a los leprosos (Mc 1,41 par), al curar intencionadamente en sábado (Mc 3,1-5 par; Lc 13,10-17; 14,1-6), al tocar los cadáveres (Mc 5,41 par; Lc 7,14).
2) Jesús permitió que su comunidad de discípulos quebrantase la ley religiosa y defendió a sus discípulos cuando se comportaron de esa manera: al comer con pecadores y descreídos (Mc 2,15 par), al no practicar el ayuno en los días fijados en la ley (Mc 2,18 par), al hacer lo que estaba expresamente prohibido en sábado (Mc 2,23 par), al no observar las leyes sobre la pureza ritual (Mc 7,11-23 par).
3) Jesús anuló la ley religiosa, es decir, la dejó sin efecto y, lo que es más importante, hizo que la violación de la ley produjera el efecto contrario, por ejemplo al tocar a los leprosos, enfermos y cadáveres. Es llamativo, en este sentido, la utilización del verbo "tocar" (áptomai) en los evangelios (Mc 1,41 par; Mt 8,15; 14,36; Mc 3,10; 6,56; Lc 6,19; Mt 20,34; Mc 8,22; 7,33; 5,27.28.30.31 par; Lc 8,47). Las curaciones que hace Jesús se producen "tocando". Ahora bien, en todos estos casos, en lugar de producirse la impureza que preveía la ley (cf. Lev 13-15; 2Re 7,3; Núm. 19,11-14; 2Re 23,11s), lo que sucede es que el contacto con Jesús produce salud, vida y salvación.
4) Jesús corrigió la ley e incluso se pronunció expresamente en contra de ella en más de una ocasión: al declarar puros todos los alimentos (Mc 7,19) y cuando anuló de manera terminante la legislación de Moisés sobre el privilegio que tenía el varón para separarse de la mujer (Mc 10,9 par).
Cercano a los marginados
En la sociedad y en el tiempo de Jesús, marginados propiamente tales eran los margina-
dos por causa de la religión. A esta categoría de personas pertenecían muchos ciudada-
nos de Israel: los que no tenían un origen legítimo, como eran los hijos ilegítimos de
sacerdotes, los prosélitos (paganos convertidos al judaísmo), los esclavos emancipados,
los bastardos, los esclavos del templo; los hijos de padre desconocido, los expósitos; los
que ejercían oficios despreciados, como eran los arrieros de asnos, los que cuidaban de
los camellos, los cocheros, los pastores, los tenderos, los carniceros, los basureros, los
fundidores de cobre, los curtidores, los recaudadores de contribuciones, etc.; pero espe-
cialmente se consideraban como impuros, y, por tanto, eran marginados, los "peca-
dores", prostitutas y publicanos, y los que padecían ciertas enfermedades, sobre todo los
leprosos; además eran también fuertemente marginados los samaritanos y los paganos
en general. Como se ve, mucha gente, gran cantidad del pueblo estaba "manchada" de
ilegitimidad por una razón o por otra.
Marginados propiamente tales
Jesús y los Pobres
¿Cómo se comporta Jesús con estas personas?
Cuando Jesús anuncia su programa (Mt 11,5; Lc 4,18), indica que su ministerio y su tarea preferente se dirige a los cojos, ciegos, sordos, leprosos, pobres, cautivos y oprimi- dos. Lo que Jesús hace con estas gentes no es una simple labor de beneficencia. Es verdad que Jesús exige, a los que le van a seguir, que den sus bienes a los pobres (Mc 10,21 par; Mt 9,20.22; Le 5,11.18; 18,28; Mt 19,27); y se sabe que en la comunidad de Jesús existía esta práctica (Mc 14,5.7; Jn 13,29; cf. Lc 19,8). Pero la acción de Jesús va mucho más lejos: se trata de que los pobres y desgraciados de la tierra son los privilegia- dos en el Reino. Teniendo en cuenta que, en todos estos casos, no se trata de pobres "de espíritu" (ricos con el corazón despegado de tos bienes), sino de pobres reales, las gentes más desgraciadas de la sociedad. En el banquete del reino de Dios entran "los pobres, los lisiados, los ciegos y los rengos", no además de los que tienen campos y yuntas de bueyes, sino en lugar de ésos (Le 14,15-24). Y Jesús recomienda que cuando se dé un banquete, se invite precisamente a los pobres (Lc 14,12-14), es decir, con ellos es con quienes debe estar nuestra solidaridad.
Por lo demás, sabemos que Jesús proclama dichosos a los pobres (Mt 5,3; Le 6,20). Pero en este caso se trata de los discípulos que toman la opción de compartir con los demás.
¿Cómo se comporta Jesús con estas personas?
Cuando Jesús anuncia su programa (Mt 11,5; Lc 4,18), indica que su ministerio y su tarea preferente se dirige a los cojos, ciegos, sordos, leprosos, pobres, cautivos y oprimi- dos. Lo que Jesús hace con estas gentes no es una simple labor de beneficencia. Es verdad que Jesús exige, a los que le van a seguir, que den sus bienes a los pobres (Mc 10,21 par; Mt 9,20.22; Le 5,11.18; 18,28; Mt 19,27); y se sabe que en la comunidad de Jesús existía esta práctica (Mc 14,5.7; Jn 13,29; cf. Lc 19,8). Pero la acción de Jesús va mucho más lejos: se trata de que los pobres y desgraciados de la tierra son los privilegia- dos en el Reino. Teniendo en cuenta que, en todos estos casos, no se trata de pobres "de espíritu" (ricos con el corazón despegado de tos bienes), sino de pobres reales, las gentes más desgraciadas de la sociedad. En el banquete del reino de Dios entran "los pobres, los lisiados, los ciegos y los rengos", no además de los que tienen campos y yuntas de bueyes, sino en lugar de ésos (Le 14,15-24). Y Jesús recomienda que cuando se dé un banquete, se invite precisamente a los pobres (Lc 14,12-14), es decir, con ellos es con quienes debe estar nuestra solidaridad.
Por lo demás, sabemos que Jesús proclama dichosos a los pobres (Mt 5,3; Le 6,20). Pero en este caso se trata de los discípulos que toman la opción de compartir con los demás.
Teología de los marginados
¿Por qué actúa Jesús de esta manera con los marginados? Hay una primera respuesta, que es muy clara: la nueva sociedad, que proclama el mensaje del reino de Dios, es una sociedad basada en la igualdad, la fraternidad y la solidaridad. Por consiguiente, en el reino de Dios no se toleran marginaciones de ningún tipo. Por eso no está de acuerdo con el mensaje del reino de Dios, ni una religión que margina a la gente, ni una sociedad que tolera tales marginaciones.
¿Por qué actúa Jesús de esta manera con los marginados? Hay una primera respuesta, que es muy clara: la nueva sociedad, que proclama el mensaje del reino de Dios, es una sociedad basada en la igualdad, la fraternidad y la solidaridad. Por consiguiente, en el reino de Dios no se toleran marginaciones de ningún tipo. Por eso no está de acuerdo con el mensaje del reino de Dios, ni una religión que margina a la gente, ni una sociedad que tolera tales marginaciones.
La personalidad de Jesús
a originalidad de Jesús se advierte claramente si se tiene en cuenta que él no se adaptó ni se pareció a ninguno de los modelos existentes en aquella sociedad. Me refiero a los modelos establecidos de acercamiento a Dios. El, en efecto, no fue funcionario del templo (sacerdote), ni piadoso observante de la ley (fariseo), ni asceta del desierto (esenio), ni revolucionario violento en la lucha contra la dominación romana (zelota). Jesús rompe con todos los esquemas, salta por encima de todos los convencionalismos,no se dedica a imitar a nadie. De tal manera que su personalidad es irreductible a cualquier modelo humano. Esta originalidad tiene su razón de ser en el profundo misterio de Jesús. Porque en él es Dios mismo quien se manifiesta y quien se da a conocer. "Quien me ve a mí está viendo al Padre" (Jn 14,9). Ver a Jesús es ver a Dios. Por eso, en la medida en que Dios es irreductible a cualquier modelo humano, en esa misma medida Jesús rompe todos los esquemas y está por encima de todos los modelos preestablecidos. Y ésa es la razón por la que Jesús nos sorprende constantemente y hasta nos desconcierta con demasiada frecuencia. Es mas, si Jesús no nos desconcierta ni nos sorprende, seguramente es que hemos intentado adaptarlo a nuestros esquemas simplemente humanos, a nuestros sistemas de interpretación y a nuestros convencional- ismos. Todo encuentro auténtico con Jesús comporta la sorpresa y hasta el desconcierto. Porque su originalidad es absolutamente irreductible a todo lo que nosotros podemos saber y manejar.
a originalidad de Jesús se advierte claramente si se tiene en cuenta que él no se adaptó ni se pareció a ninguno de los modelos existentes en aquella sociedad. Me refiero a los modelos establecidos de acercamiento a Dios. El, en efecto, no fue funcionario del templo (sacerdote), ni piadoso observante de la ley (fariseo), ni asceta del desierto (esenio), ni revolucionario violento en la lucha contra la dominación romana (zelota). Jesús rompe con todos los esquemas, salta por encima de todos los convencionalismos,no se dedica a imitar a nadie. De tal manera que su personalidad es irreductible a cualquier modelo humano. Esta originalidad tiene su razón de ser en el profundo misterio de Jesús. Porque en él es Dios mismo quien se manifiesta y quien se da a conocer. "Quien me ve a mí está viendo al Padre" (Jn 14,9). Ver a Jesús es ver a Dios. Por eso, en la medida en que Dios es irreductible a cualquier modelo humano, en esa misma medida Jesús rompe todos los esquemas y está por encima de todos los modelos preestablecidos. Y ésa es la razón por la que Jesús nos sorprende constantemente y hasta nos desconcierta con demasiada frecuencia. Es mas, si Jesús no nos desconcierta ni nos sorprende, seguramente es que hemos intentado adaptarlo a nuestros esquemas simplemente humanos, a nuestros sistemas de interpretación y a nuestros convencional- ismos. Todo encuentro auténtico con Jesús comporta la sorpresa y hasta el desconcierto. Porque su originalidad es absolutamente irreductible a todo lo que nosotros podemos saber y manejar.
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