jueves, 11 de agosto de 2016

La Globalización y la Multiculturalidad - Madurez humana y Madurez cristiana

 Cultura, definiciones y tendencias


¿Qué es la cultura? La cultura como definición es una abstracción, necesaria para entender dicha realidad. Así, lo que existe es una pluralidad de culturas. Pero, ¿no estará creando la globalización una cultura humana, identificando así la definición con la reali- dad? Presentaremos una definición de cultura y de ahí veremos sus características. Y como estamos hablando de globalización señalaré tres tendencias que las culturas han tenido cuando crecieron demasiado.

Definición subjetivista.- En la historia de esta palabra se han dado definiciones que resaltan el aspecto subjetivo y objetivo. Desde el aspecto subjetivo se entiende por cultura la formación del espíritu, entonces se dice que una persona es culta porque ha formado su personalidad (sensibilidad, gustos, inteligencia, etc).
Definición objetivista.- También suele entenderse por cultura la formación del espíritu colectivo, que se expresa en la producción artística, literaria, en la religión y el pensami- ento filosófico. Un pueblo es culto en la medida que tiene una rica tradición en arte, religión y filosofía. 


res tendencias de las grandes culturas.- Las relaciones entre las distintas culturas no siempre han sido justas, especialmente cuando crecieron hasta constituir socialmente grandes imperios. Queremos señalar estas tendencias, porque ellas aparecen en lo que hoy se llama globalización.


Tendencia expansionista: Si bien es cierto que muchas culturas han permanecido en espacios locales, otras buscaron extenderse, algunas de las cuales llegaron a constituir grandes imperios. Las grandes culturas en diversas partes del mundo demostraron su vocación universal expandiendo sus imperios: la cultura Inca unificando diversos pueblos en torno a una clase dirigente, el imperio del rey Ashoka que unificó la India, las diversas unificaciones que tuvo China, la unificación que pretendió realizar Alejandro y luego el mismo intento con el Imperio romano, por señalar unos cuantos ejemplos. En todos ellos no se trató de una simple expansión político-militar sino también de una expansión cul- tural. Aunque toda expansión políticomilitar ya es una expansión cultural. Y esas experi- encias de expansión son experiencias de universalización cultural, lo cual no se podía lograr sino utilizando la violencia. No es de extrañar que la cultura occidental con sus sistema económico también tenga una vocación universalista, expansionista y use nuevas formas de violencia.

Tendencia exclusivista: Las grandes culturas también han mostrado una tendencia exclusivista. Recordemos que la civilización china de la época medieval se consideraba los cultos y civilizados, viendo a los demás como "bárbaros", igual que los griegos de la época antigua, los romanos y los derechos exclusivos para los romanos libres excluy- endo al esclavo y extranjero, el etnocentrismo de la cultura europea moderna, islámica, etc.

Tendencia a crecer y a morir: Por último, las grandes culturas también han mostrado ser hijas del tiempo: nacieron, se desplegaron, decayeron y murieron. Todo gran imperio murió, a pesar de los siglos que permanecieron. Por eso, nada garantiza que este capi- talismo global vaya a permanecer para siempre. 



Esta identificación entre edad adulta y madurez, concepción de tipo cosista y estática, resulta insuficiente; y el hecho es que ha sido cuestionada incluso por el mismo saber popular, así como por los estudios de la psicología científica sobre personalidad. ¿Hasta qué punto se puede decir de todos y de cada uno de los adultos que son maduros? La persistencia de reacciones infantiles, de inestabilidad emocional, de pérdida de sentido, parece ponerlo en duda.
El hecho es que el concepto madurez ha ido evolucionando a lo largo de la historia de la psicología, y se ha introducido progresivamente una nueva concepción de madurez, en la que se rompe la identificación entre adultez y madurez, para entender la madurez como el logro de la integración personal, como el equilibrio psicológico, como la capaci- dad de afrontar adecuadamente los retos de la vida. 
La madurez ya no es concebida de forma estática, sino de forma dinámica; la vida es entendida como un proceso perma- nente de maduración. La madurez es ahora comprendida como el equilibrio personal a conseguir en cada momento; y no como algo poseído de una vez por todas. Es una situación personal a la que siempre hay que tender, y que nunca se posee plenamente. Así se podrá decir, con toda propiedad, que un niño es maduro o se hablará de la inma- durez de determinados adultos. 


Madurez humana y madurez religiosa
Una cuestión básica y fundamental para la tarea catequética es: ¿Qué relación existe, si es que existe alguna, entre madurez humana y madurez religiosa? ¿En qué sentido podemos extrapolar lo dicho hasta ahora sobre la madurez humana al ámbito del pro- ceso de crecimiento en la fe, con todo lo que esto supone en el orden de la catequesis, del discernimiento vocacional, de los escrutinios para la admisión al bautismo de adultos, o la confirmación de los adolescentes, la concesión del bautismo de los niños en función de la fe de sus padres, etc? Este es uno de los temas cruciales de la psicología de la religión, en general, de la teología espiritual, y de la catequesis, que busca encontrar una comprensión adecuada del crecimiento y maduración de la fe. Las cuestiones que dependen de clarificar qué entendemos por madurez religiosa tienen consecuencias no sólo en el orden teórico, sino también, y muy importantes, en el orden práctico.

Madurez religiosa (el encuentro con Dios)
Un cúmulo de experiencias humanas como la toma de conciencia de la propia finitud, el encuentro intersubjetivo del amor humano, el sentirse portador de vida y la alegría de la paternidad, la experiencia de dolor y frustración, la indignación y rebeldía ante la injusti- cia, la capacidad de extasiarse ante lo bello y hermoso de la vida son, probablemente, las que, de una forma u otra, nos abren a la búsqueda del sentido último de nuestras vidas y al encuentro con Dios; pero no todas ellas, ni la forma de vivir cada una, son igualmente maduradoras.

Madurez cristiana
Esto que se puede decir de todas las confesiones religiosas, y que tiene en cada una de ellas sus propias connotaciones, en el cristianismo nos aboca directamente a la persona de Jesús.

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