jueves, 11 de agosto de 2016

PROYECTO PERSONAL


¿QUÉ ES UN PROYECTO PERSONAL?

Podemos describirlo como «una intuición anticipada del desarrollo del futuro, una hipóte- sis, una interrogación, una invitación, pero sobre todo el dar un sentido a la propia vida, un cúmulo de respuestas a los grandes interrogantes existenciales: ¿Para qué vine al mundo? ¿Qué sentido tiene el vivir y morir? ¿Qué sentido tiene el mundo que me rodea? ¿Podré o podremos de frente a las crisis presentes? 


Para poder actuar el proyecto personal, lo más importante es entrar en sí mismos, buscar la verdad, convertirnos en personas de análisis.

NIVEL EXISTENCIAL
El proyecto personal se explica en tomar decisiones sobre la propia vida. Entre tantas cosas que realizamos cada día, tal vez la tarea central es aquella de «convertirse en nosotros mismos» en el ejercicio de nuestra libertad y responsabilidad. 


NIVEL PSICOLOGICO
El hombre es una realidad sistemática en el cual no se pueden separar los elementos Psíquico - espirituales de aquellos somático-biológicos. La dimensión psíquica está con- dicionada de la dimensión somática y viceversa. Por esta razón, la elaboración de un proyecto personal necesita de una buena conciencia de la estructura psicológica de base. Ser conscientes de los límites y de las propias capacidades. 


NIVEL ESPIRITUAL
El nivel antropológico y el nivel bio-psíquico no son de por sí suficientes para dar al hombre la razón de su vivir. Es decir, no podrán nunca solos satisfacer la exigencia fun- damental de construirse un sentido substancial y establemente positivo de la propia identidad. Sería peligroso e ilusorio pensar que nos es posible fabricar nuestra verdadera identidad solamente con el esfuerzo, el empeño y la imaginación. Esa va acogida como don para desarrollar, como semilla presente desde el inicio de nuestra existencia. 


COMO REALIZAR UN PROYECTO PERSONAL

La elaboración de un proyecto personal comporta que se parta de lo que se es, para determinar, a poco a poco, lo que se quiere ser. Un camino del “Yo actual” al “Yo ideal” constituye la fatiga y la alegría de un proceso dinámico que encuentra núcleo central en el ejercicio del discernimiento.
La cualidad del proyecto personal depende de hecho de la cualidad del discernimiento, de la voluntad de verdad sobre la propia vida, de las ganas de llegar fin en fondo de la propia existencia, de la disponibilidad a la conversión. Todo depende del modo con el cual se observa a sí mismo, a la propia historia personal, a la situación actual y a las propias relaciones. Las estrategias e las técnicas no sirven si la persona no acepta observarse en profundidad, para retomar en mano el timón interior y discernir “Quien se es” y “Quien se quiere llegar a ser” 


ETAPAS DEL PROYECTO PERSONAL
Fieles a los presupuestos tratados antes, podemos enunciar en síntesis las siguientes etapas. Sin ninguna finalidad de completarla, al lado, a modo de ejemplo, algunas pre- guntas pertinentes en cada nivel.

ETAPAS: NIVEL GENERAL ETAPAS: NIVEL GENERAL
Trata de individuar los obstáculos que te impiden crecer.
¿Qué imagen tienes de ti mismo (a)?
Eres capaz de individuar la fundamental “bondad” de tu ser para formar un positivo concepto de ti mismo (a)?
¿Crees conocer tu carácter, tu temperamento, tu personalidad?
¿Te aceptas como eres?
¿Aceptas tus límites, tus errores, sin ponérselos a los demás? 


uedes superar el miedo de ser juzgado por los demás, de no ser aceptado?Describe el cuadro de valores que orienta tu vida.
¿Te sientes capaz para decidir? 

ETAPAS: NIVEL PSICOLOGICO
- Trata de de descubrir e individuar algunas de tus auto defensas o inconsistencias psicológicas y espirituales.
- En tu madurez afectiva, cuáles son los puntos sólidos sobre los cuales puedes contar, y cuáles son las principales dificultades, o problemas abiertos? Cómo se manifiestan?
- ¿Qué grado de auto estima tienes?
- ¿Te sientes reconocido o valorizado por los demás?
- ¿Aceptas tu realidad interior?
- ¿Vives en paz con tu pasado?
- Eres capaz de perdonarte para convertirte en instrumento de perdón para los demás?

ETAPAS: NIVEL ESPIRITUAL
Es el más profundo y difícil. Las preguntas deben ser orientadas al discernimiento de la imagen de Dios de la cual depende la misma relación con él:
- A partir de tu experiencia con Dios, trata de definir la imagen que tienes de Él.
- En confronto con el Dios revelado por Jesucristo, ¿te parece necesario cambiar la imagen que tienes de Él?
- Describe tu historia de pertenencia a Dios, tu situación de creyente “hoy”, tu disponibilidad y entusiasmo vocacional.
- Qué haces para discernir los «signos de Dios» en tu vida cuotidiana, para individuar el plan de Dios sobre ti. 

La vida en la comunidad cristiana: La comunidad de discípulos


La comunidad Cristiana, la fraternidad frente a la justicia Social y la vida Sacramental

No resulta fácil trazar una radiografía de la comunidad cristiana, tal como aparece en los escritos del NT. En primer lugar, porque no existe una comunidad, sino una red de comuni- dades; no existe un modelo único de vida y organización comunitaria, sino una pluriformi- dad, según las circunstancias y los lugares. En segundo lugar, los autores del NT no pre- tenden hacer una reflexión sobre la vida comunitaria, sino que quieren responder sólo a algunos problemas concretos de la vida comunitaria, sin tratarlos todos. En tercer lugar, los autores del evangelio de Mateo, de los Hechos de los Apóstoles, de las cartas paulinas, de la carta a los Hebreos, tienen una experiencia de Cristo sensiblemente distinta unos de otros, por lo que parten de teologías diversas a la hora de afrontar los problemas comuni- tarios y de proponer soluciones. En cuarto lugar, porque habiendo nacido los textos del NT en contextos diferentes y como respuesta a cuestiones diversificadas, es difícil casarlos entre sí, obviando, por una parte las inevitables repeticiones y, por otra, rellenando las lagunas.

- Carácter sacramental de la comunidad. 
Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos’ afirma Jesús en el evangelio de Mateo. Jesús garantiza su presencia en la comunidad, si ésta lo es ‘en nombre” suyo. La comunidad cristiana es así el signo sacramental de la continuidad de la presencia del Resucitado en cada generación. 

- Acogida del Reino. 
Es esta una actitud individual y, a la vez, comunitaria. Para entrar en el Reino hay que tener el corazón de un niño, saberse en manos de Dios. Ello genera una confianza radical en Dios y una dependencia filial de Él, a la vez que excluye, de la relación comunitaria, considerarse más importante que otros, o bien evitar altanerías y autosufi- ciencias frente a los hermanos, particularmente los más sencillos. Relacionada con esta acogida del Reino, está la llamada a la santidad, entendida como la integridad de vida en relación con Dios; y para la mentalidad neo-testamentaria la integridad matrimonial es una expresión de esa santidad, en el seno de la relación familiar. – Fidelidad al Evangelio.  

- Unión fraterna. 
Es éste uno de los aspectos en que más insisten los autores del NT, quizá porque es uno de los más difíciles de alcanzar, ya que constituye una meta permanente de toda comunidad. La unión fraterna se expresa en la unanimidad, que no significa pensar todos igual, sino en “sentir’ con un solo corazón y una sola alma. La unanimidad se expresa en la búsqueda de un consenso común, en la armonía comunitaria, en la paz con todos; no porque no existan disensiones o incluso conflictos, sino porque, más allá del con- flicto, todos se saben igualmente llamados al servicio de un único Cristo. 

-Solidaridad. 
Este aspecto se halla en dependencia del anterior, pero va más allá. En la comunidad apostólica sus miembros comparten sus penas y sus alegrías, se sienten soli- darios con las necesidades unos de otros, de manera que comparten lo que tienen, y se ayudan mutuamente a sobrellevar sus cargas personales y familiares. De ahí la preven- ción de algunos autores del NT frente a la avaricia, que impiden compartir y, por ello, separa de la comunidad.  -Hospitalidad. 
Es una exhortación que hemos visto repetida. Dado el carácter itinerante de numerosos misioneros del Evangelio en la edad apostólica, y la comunicación entre las comunidades mediante el envío de hermanos de unas a otras, la hospitalidad supone la acogida de esos misioneros y de esos hermanos en las casas cristianas, supone el escuchar sus enseñanzas y sus noticias, supone el proveer para la continuación de su viaje, o su regreso a casa. La hospitalidad, nuestras comunidades supone la acogida de hermanos y de colaboradores, de jóvenes y destinatarios del Evangelio, de personas de otras razas o culturas que llaman a nuestras puertas.
-El respeto, la corrección fraterna y el perdón.
 Las relaciones fraternas en el interior de las comunidades apostólicas conocieron también la debilidad y el conflicto. Por ello, los autores neo-testamentarios, llenos de realismo y de sentido común, insisten en el respeto hacia los hermanos más débiles en su fe: evitando por una parte el desprecio y, por otra, el escándalo, es decir aquella conducta que pueda apartar al hermano la fe en Cristo o de su pertenencia a la comunidad. 

- La fracción del pan y la oración. 
La fracción del pan es el gesto sacramental de la presen- cia de Cristo en la comunidad apostólica; una presencia que sostiene la vida de la comuni- dad e impulsa hacia la misión. La oración de la comunidad apostólica es a la vez alabanza e intercesión. Alabanza por la obra de Dios que se va realizando en la vida de la comuni- dad y en la de las personas que la rodean. Intercesión para obtener la perseverancia en la prueba y la libertad interior necesaria para testimoniar la Resurrección en un ambiente hostil o indiferente.  

-Comunidad en conflicto. 
Las comunidades de todos los tiempos han conocido el conflicto intra e inter-comunitario. En autor de Hechos nos presenta el itinerario que siguió la comu- nidad apostólica para resolver el importante conflicto de la aceptación de los no judíos.
 - Respeto hacia los dirigentes. 
Este aspecto lo hemos encontrado en la carta a los He- breos. El autor invita a los miembros de la comunidad a respetar a los dirigentes, a imitar su vida y su fe, y a facilitarles la tarea animadora evitando de ponerles trabas. En las comu- nidades neo-testamentarias se da siempre el eje binario comunidad – apóstol (o evange- lista).
 -Perseverancia en la tribulación. 
Los escritos neo-testamentarios nos hablan directa o indi- rectamente de la vida de las comunidades que en este momento están sufriendo perse- cución por parte de las sinagogas judías o por parte de las autoridades romanas. El peligro de secesión de miembros poco convencidos de las comunidades es alto.
-Testimonio de la Resurrección. 
Los apóstoles y la comunidad apostólica dan testimonio de la Resurrección de Cristo mediante signos eficaces. Liberando a endemoniados, curando a enfermos, resucitando a difuntos, hablando con libertad frente al Sanedrín. La vida comunitaria es ad ¡otra lo que el testimonio es ad extra. Un reflejo de la presencia del Re- sucitado, del que la comunidad es sacramento.  

-Significatividad de la comunidad. 
Las comunidades cristianas, aunque perseguidas por las autoridades judías o romanas, gozaban de aprecio entre las clases populares: ‘eran bien vistos por todos’, generaliza el autor de Hechos. Hoy lo decimos con una expresión más difícil: eran significativas, por su coherencia de vida con el Evangelio y por el testimo- nio que daban de él.  

LA PERSONALIDAD DE JESÚS


Para comprender a fondo el mensaje de Jesús no basta conocer lo que él dijo y lo que él hizo. Además de eso, es necesario saber quién fue Jesús de Nazaret. Es decir, se trata de comprender no sólo sus palabras y sus obras, sino especialmente su personalidad. Es verdad que el misterio profundo que se encierra en la persona de Jesús será objeto de estudio en el capítulo 6. Pero también es cierto que ese misterio no será debidamente entendido sino a partir de lo que vamos a estudiar en el presente capítulo.

Hombre libre

Jesús y la ley
Ante todo, la libertad en relación a la ley. Sabemos que la ley religiosa era la institución fundamental del pueblo judío. Este pueblo era, en efecto, el pueblo de la ley. Y su religión, la religión de la ley. De tal manera que la observancia de dicha ley se consid- eraba como la mediación esencial en la relación del hombre con Dios. Por eso violar la ley era la cosa más grave que podía hacer un judío. Hasta el punto de que una violación importante de la ley llevaba consigo la pena de muerte. 

Pues bien, estando así las cosas, el comportamiento de Jesús con relación a la ley se puede resumir en los siguientes cuatro puntos:
1) Jesús quebrantó la ley religiosa de su pueblo repetidas veces: al tocar a los leprosos (Mc 1,41 par), al curar intencionadamente en sábado (Mc 3,1-5 par; Lc 13,10-17; 14,1-6), al tocar los cadáveres (Mc 5,41 par; Lc 7,14).

2) Jesús permitió que su comunidad de discípulos quebrantase la ley religiosa y defendió a sus discípulos cuando se comportaron de esa manera: al comer con pecadores y descreídos (Mc 2,15 par), al no practicar el ayuno en los días fijados en la ley (Mc 2,18 par), al hacer lo que estaba expresamente prohibido en sábado (Mc 2,23 par), al no observar las leyes sobre la pureza ritual (Mc 7,11-23 par).

3) Jesús anuló la ley religiosa, es decir, la dejó sin efecto y, lo que es más importante, hizo que la violación de la ley produjera el efecto contrario, por ejemplo al tocar a los leprosos, enfermos y cadáveres. Es llamativo, en este sentido, la utilización del verbo "tocar" (áptomai) en los evangelios (Mc 1,41 par; Mt 8,15; 14,36; Mc 3,10; 6,56; Lc 6,19; Mt 20,34; Mc 8,22; 7,33; 5,27.28.30.31 par; Lc 8,47). Las curaciones que hace Jesús se producen "tocando". Ahora bien, en todos estos casos, en lugar de producirse la impureza que preveía la ley (cf. Lev 13-15; 2Re 7,3; Núm. 19,11-14; 2Re 23,11s), lo que sucede es que el contacto con Jesús produce salud, vida y salvación.

4) Jesús corrigió la ley e incluso se pronunció expresamente en contra de ella en más de una ocasión: al declarar puros todos los alimentos (Mc 7,19) y cuando anuló de manera terminante la legislación de Moisés sobre el privilegio que tenía el varón para separarse de la mujer (Mc 10,9 par). 



Cercano a los marginados

Marginados propiamente tales

En la sociedad y en el tiempo de Jesús, marginados propiamente tales eran los margina- dos por causa de la religión. A esta categoría de personas pertenecían muchos ciudada- nos de Israel: los que no tenían un origen legítimo, como eran los hijos ilegítimos de sacerdotes, los prosélitos (paganos convertidos al judaísmo), los esclavos emancipados, los bastardos, los esclavos del templo; los hijos de padre desconocido, los expósitos; los que ejercían oficios despreciados, como eran los arrieros de asnos, los que cuidaban de los camellos, los cocheros, los pastores, los tenderos, los carniceros, los basureros, los fundidores de cobre, los curtidores, los recaudadores de contribuciones, etc.; pero espe- cialmente se consideraban como impuros, y, por tanto, eran marginados, los "peca- dores", prostitutas y publicanos, y los que padecían ciertas enfermedades, sobre todo los leprosos; además eran también fuertemente marginados los samaritanos y los paganos en general. Como se ve, mucha gente, gran cantidad del pueblo estaba "manchada" de ilegitimidad por una razón o por otra. 


Jesús y los Pobres

¿Cómo se comporta Jesús con estas personas?
Cuando Jesús anuncia su programa (Mt 11,5; Lc 4,18), indica que su ministerio y su tarea preferente se dirige a los cojos, ciegos, sordos, leprosos, pobres, cautivos y oprimi- dos. Lo que Jesús hace con estas gentes no es una simple labor de beneficencia. Es verdad que Jesús exige, a los que le van a seguir, que den sus bienes a los pobres (Mc 10,21 par; Mt 9,20.22; Le 5,11.18; 18,28; Mt 19,27); y se sabe que en la comunidad de Jesús existía esta práctica (Mc 14,5.7; Jn 13,29; cf. Lc 19,8). Pero la acción de Jesús va mucho más lejos: se trata de que los pobres y desgraciados de la tierra son los privilegia- dos en el Reino. Teniendo en cuenta que, en todos estos casos, no se trata de pobres "de espíritu" (ricos con el corazón despegado de tos bienes), sino de pobres reales, las gentes más desgraciadas de la sociedad. En el banquete del reino de Dios entran "los pobres, los lisiados, los ciegos y los rengos", no además de los que tienen campos y yuntas de bueyes, sino en lugar de ésos (Le 14,15-24). Y Jesús recomienda que cuando se dé un banquete, se invite precisamente a los pobres (Lc 14,12-14), es decir, con ellos es con quienes debe estar nuestra solidaridad.
Por lo demás, sabemos que Jesús proclama dichosos a los pobres (Mt 5,3; Le 6,20). Pero en este caso se trata de los discípulos que toman la opción de compartir con los demás. 


Teología de los marginados
¿Por qué actúa Jesús de esta manera con los marginados? Hay una primera respuesta, que es muy clara: la nueva sociedad, que proclama el mensaje del reino de Dios, es una sociedad basada en la igualdad, la fraternidad y la solidaridad. Por consiguiente, en el reino de Dios no se toleran marginaciones de ningún tipo. Por eso no está de acuerdo con el mensaje del reino de Dios, ni una religión que margina a la gente, ni una sociedad que tolera tales marginaciones.


La personalidad de Jesús
a originalidad de Jesús se advierte claramente si se tiene en cuenta que él no se adaptó ni se pareció a ninguno de los modelos existentes en aquella sociedad. Me refiero a los modelos establecidos de acercamiento a Dios. El, en efecto, no fue funcionario del templo (sacerdote), ni piadoso observante de la ley (fariseo), ni asceta del desierto (esenio), ni revolucionario violento en la lucha contra la dominación romana (zelota). Jesús rompe con todos los esquemas, salta por encima de todos los convencionalismos,no se dedica a imitar a nadie. De tal manera que su personalidad es irreductible a cualquier modelo humano. Esta originalidad tiene su razón de ser en el profundo misterio de Jesús. Porque en él es Dios mismo quien se manifiesta y quien se da a conocer. "Quien me ve a mí está viendo al Padre" (Jn 14,9). Ver a Jesús es ver a Dios. Por eso, en la medida en que Dios es irreductible a cualquier modelo humano, en esa misma medida Jesús rompe todos los esquemas y está por encima de todos los modelos preestablecidos. Y ésa es la razón por la que Jesús nos sorprende constantemente y hasta nos desconcierta con demasiada frecuencia. Es mas, si Jesús no nos desconcierta ni nos sorprende, seguramente es que hemos intentado adaptarlo a nuestros esquemas simplemente humanos, a nuestros sistemas de interpretación y a nuestros convencional- ismos. Todo encuentro auténtico con Jesús comporta la sorpresa y hasta el desconcierto. Porque su originalidad es absolutamente irreductible a todo lo que nosotros podemos saber y manejar.
  

Visión general de las religiones del mundo


América se ha convertido en un símbolo de esperanza para muchos grupos religiosos. los cálculos aproximados sugieren que hay más de 1,500 organizaciones religiosas en América. Algunas de estas religiones, tales como el Cristianismo y el Judaísmo, tienen una larga tradición. Otras, como el Hinduismo, el Budismo y el Islam son manifestaciones más recientes. El siglo veinte ha sido testigo de la mayor afluencia de grupos religiosos a los Estados Unidos, y muchas de estas "nuevas" religiones consideran a América para ser su campo misionero inicial.
Las religiones del mundo han sido clasificadas en dos categorías: el Lejano Oriente y el Oriente Medio. El Hinduismo y el Budismo se originaron en la India, mientras que el Judaísmo, el Cristianismo, y el Islam se originaron en el Oriente Medio. A continuación se describen los principios más importantes de cada una de estas creencias.

HINDUISMO. 
Se inició alrededor del año 2000 A.C. No tiene un fundador único y es la más diversificada de todas las religiones principales del mundo.
La mayoría de los hindúes son politeístas. La diversidad dentro del hinduismo da cabida a otros conceptos, incluyendo el monoteísmo, henoteísmo (un dios entre muchos) y al monismo (sólo existe una realidad eterna y todo lo demás proviene de ella). Los dioses más populares son Shiva, Brahma, y Vishnu, que han venido a la tierra en varias encarnaciones (avatares) para ayudar a los seres humanos. 



BUDISMO. 
Se inició como un movimiento dentro del Hinduismo a través de los esfuerzos de Siddhartha Gautama (nacido en el año 563 A.C.), quien estaba insatisfecho con las respuestas del hinduismo a los problemas de la vida. Un día, mientras estaba sentado bajo una higuera encontró las respuestas a los problemas de la vida a través de la ilumi- nación. Más tarde, fue llamado Buda ("el iluminado").


JUDAISMO. 
Tiene su origen en Abraham, quien vivió en el Oriente Medio alrededor del año 2000 A.C. El judaísmo se enfoca en la adoración al único Dios. Fue la primera religión en el mundo que adoptó la creencia de que sólo hay un Dios. Dios es visto como amoroso, personal y bueno en Su creación del universo y en Su trato con la humanidad. Los seres humanos fueron creados a Su imagen y fueron destinados a adorarle a Él. Los judíos creen que son el Pueblo escogido de Dios para dar a conocer Su verdad al mundo. 


CRISTIANISMO. 
Tuvo sus orígenes con Jesús de Nazaret, llamado el Cristo, porque Él es considerado el Mesías que traería la salvación al mundo. Los cristianos son Trini- tarios. Creen que hay un sólo Dios. Pero también creen que Dios se ha revelado a Sí mismo como tres personas -el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Como en el Judaísmo, la creación, la historia y la humanidad tienen un gran propósito y fueron creadas por un Dios amoroso. 


ISLAMISMO. 
Es una de las más recientes religiones del mundo, comenzó con el trabajo de Mahoma en el año (570-632 D.C.) en lo que actualmente es Arabia Saudita. El Islam tiene similitudes con el Judaísmo y el Cristianismo, particularmente en su creencia monoteísta. Las diferencias con el Cristianismo incluyen el rechazo a la Trinidad y la negación de la muerte, sepultura y resurrección de Jesús. Sin embargo, creen que Jesús fue un gran profeta. 


Humanismo cristiano

La palabra humanismo es un vocablo ambiguo. Quien la pronuncia compromete de golpe toda una metafísica que, según reconozca o no en el hombre una personalidad cuyas necesidades más profundas superen todo el orden del universo, tendrá resonancias bien diferentes en la idea que se forme del humanismo.
Digamos, para dejar abierta la discusión, que el humanismo tiende esencialmente a hacer al hombre más verdaderamente humano y a manifestar su grandeza original haci- éndolo participar en todo cuanto puede enriquecerle en la naturaleza y en la historia. Requiere a un tiempo que el hombre desarrolle las virtualidades en él contenidas, sus fuerzas creadoras y la vida de la razón, y trabaje para convertir las fuerzas del mundo físico en instrumentos de su libertad. 


La Globalización y la Multiculturalidad - Madurez humana y Madurez cristiana

 Cultura, definiciones y tendencias


¿Qué es la cultura? La cultura como definición es una abstracción, necesaria para entender dicha realidad. Así, lo que existe es una pluralidad de culturas. Pero, ¿no estará creando la globalización una cultura humana, identificando así la definición con la reali- dad? Presentaremos una definición de cultura y de ahí veremos sus características. Y como estamos hablando de globalización señalaré tres tendencias que las culturas han tenido cuando crecieron demasiado.

Definición subjetivista.- En la historia de esta palabra se han dado definiciones que resaltan el aspecto subjetivo y objetivo. Desde el aspecto subjetivo se entiende por cultura la formación del espíritu, entonces se dice que una persona es culta porque ha formado su personalidad (sensibilidad, gustos, inteligencia, etc).
Definición objetivista.- También suele entenderse por cultura la formación del espíritu colectivo, que se expresa en la producción artística, literaria, en la religión y el pensami- ento filosófico. Un pueblo es culto en la medida que tiene una rica tradición en arte, religión y filosofía. 


res tendencias de las grandes culturas.- Las relaciones entre las distintas culturas no siempre han sido justas, especialmente cuando crecieron hasta constituir socialmente grandes imperios. Queremos señalar estas tendencias, porque ellas aparecen en lo que hoy se llama globalización.


Tendencia expansionista: Si bien es cierto que muchas culturas han permanecido en espacios locales, otras buscaron extenderse, algunas de las cuales llegaron a constituir grandes imperios. Las grandes culturas en diversas partes del mundo demostraron su vocación universal expandiendo sus imperios: la cultura Inca unificando diversos pueblos en torno a una clase dirigente, el imperio del rey Ashoka que unificó la India, las diversas unificaciones que tuvo China, la unificación que pretendió realizar Alejandro y luego el mismo intento con el Imperio romano, por señalar unos cuantos ejemplos. En todos ellos no se trató de una simple expansión político-militar sino también de una expansión cul- tural. Aunque toda expansión políticomilitar ya es una expansión cultural. Y esas experi- encias de expansión son experiencias de universalización cultural, lo cual no se podía lograr sino utilizando la violencia. No es de extrañar que la cultura occidental con sus sistema económico también tenga una vocación universalista, expansionista y use nuevas formas de violencia.

Tendencia exclusivista: Las grandes culturas también han mostrado una tendencia exclusivista. Recordemos que la civilización china de la época medieval se consideraba los cultos y civilizados, viendo a los demás como "bárbaros", igual que los griegos de la época antigua, los romanos y los derechos exclusivos para los romanos libres excluy- endo al esclavo y extranjero, el etnocentrismo de la cultura europea moderna, islámica, etc.

Tendencia a crecer y a morir: Por último, las grandes culturas también han mostrado ser hijas del tiempo: nacieron, se desplegaron, decayeron y murieron. Todo gran imperio murió, a pesar de los siglos que permanecieron. Por eso, nada garantiza que este capi- talismo global vaya a permanecer para siempre. 



Esta identificación entre edad adulta y madurez, concepción de tipo cosista y estática, resulta insuficiente; y el hecho es que ha sido cuestionada incluso por el mismo saber popular, así como por los estudios de la psicología científica sobre personalidad. ¿Hasta qué punto se puede decir de todos y de cada uno de los adultos que son maduros? La persistencia de reacciones infantiles, de inestabilidad emocional, de pérdida de sentido, parece ponerlo en duda.
El hecho es que el concepto madurez ha ido evolucionando a lo largo de la historia de la psicología, y se ha introducido progresivamente una nueva concepción de madurez, en la que se rompe la identificación entre adultez y madurez, para entender la madurez como el logro de la integración personal, como el equilibrio psicológico, como la capaci- dad de afrontar adecuadamente los retos de la vida. 
La madurez ya no es concebida de forma estática, sino de forma dinámica; la vida es entendida como un proceso perma- nente de maduración. La madurez es ahora comprendida como el equilibrio personal a conseguir en cada momento; y no como algo poseído de una vez por todas. Es una situación personal a la que siempre hay que tender, y que nunca se posee plenamente. Así se podrá decir, con toda propiedad, que un niño es maduro o se hablará de la inma- durez de determinados adultos. 


Madurez humana y madurez religiosa
Una cuestión básica y fundamental para la tarea catequética es: ¿Qué relación existe, si es que existe alguna, entre madurez humana y madurez religiosa? ¿En qué sentido podemos extrapolar lo dicho hasta ahora sobre la madurez humana al ámbito del pro- ceso de crecimiento en la fe, con todo lo que esto supone en el orden de la catequesis, del discernimiento vocacional, de los escrutinios para la admisión al bautismo de adultos, o la confirmación de los adolescentes, la concesión del bautismo de los niños en función de la fe de sus padres, etc? Este es uno de los temas cruciales de la psicología de la religión, en general, de la teología espiritual, y de la catequesis, que busca encontrar una comprensión adecuada del crecimiento y maduración de la fe. Las cuestiones que dependen de clarificar qué entendemos por madurez religiosa tienen consecuencias no sólo en el orden teórico, sino también, y muy importantes, en el orden práctico.

Madurez religiosa (el encuentro con Dios)
Un cúmulo de experiencias humanas como la toma de conciencia de la propia finitud, el encuentro intersubjetivo del amor humano, el sentirse portador de vida y la alegría de la paternidad, la experiencia de dolor y frustración, la indignación y rebeldía ante la injusti- cia, la capacidad de extasiarse ante lo bello y hermoso de la vida son, probablemente, las que, de una forma u otra, nos abren a la búsqueda del sentido último de nuestras vidas y al encuentro con Dios; pero no todas ellas, ni la forma de vivir cada una, son igualmente maduradoras.

Madurez cristiana
Esto que se puede decir de todas las confesiones religiosas, y que tiene en cada una de ellas sus propias connotaciones, en el cristianismo nos aboca directamente a la persona de Jesús.